František Plánička: El Muro Checo del Fútbol Clásico
František Plánička, nacido el 2 de junio de 1904 en Praga (entonces Austria‑Hungría, hoy República Checa) y falleció el 20 de julio de 1996 en Praga, es uno de los porteros históricos más destacados del siglo XX. Reconocido por su seguridad, reflejos felinos y valentía, Plánička fue un referente absoluto en la portería del AC Sparta Praga y de la selección checoslovaca.
Plánička desarrolló toda su carrera en Sparta Praga, club en el que debutó en 1924 y permaneció hasta 1938. Durante estos 14 años, ganó 10 títulos de liga checoslovaca, consolidándose como el arquero más confiable del país y un ícono del fútbol checo. Su estilo combinaba agilidad, anticipación y una sorprendente capacidad para detener penales.
Éxitos y legado en clubes
Con Sparta Praga, Plánička dejó una huella imborrable gracias a su consistencia y liderazgo. Su talento bajo los palos contribuyó a que el club dominara el fútbol checoslovaco durante más de una década, y se convirtió en un referente para todos los porteros de su generación.
Figura clave en la selección checoslovaca
Plánička fue el portero titular de la selección de Checoslovaquia durante 14 años. Participó en tres Copas del Mundo: 1934 y 1938, y en los Juegos Olímpicos de 1924. Su actuación más icónica fue en Italia 1934, llevando a Checoslovaquia a la final frente a Italia. A pesar de perder 2-1, Plánička fue elogiado mundialmente por su liderazgo y valentía, incluyendo lesiones graves durante el torneo, que nunca le hicieron abandonar la portería.
Su legado internacional se consolidó por su seguridad, reflejos y capacidad para mantener la calma en partidos de alta presión, convirtiéndose en un referente europeo de la portería en la década de 1930.
Legado y trascendencia
Plánička es considerado uno de los top 10 porteros del siglo XX, influyendo en generaciones posteriores de arqueros europeos y siendo un símbolo de excelencia, valentía y profesionalismo en la portería checa. Su nombre permanece ligado al fútbol clásico y al AC Sparta Praga, donde dejó un legado imborrable.
