Mi hijo quiere dejar la portería: ¿qué hago?

«Mi hijo quiere dejar la portería». Es una frase que puede preocupar mucho a cualquier padre o madre, especialmente cuando el niño llevaba tiempo disfrutando bajo los palos.

Antes de intentar convencerle para que continúe, hay una pregunta mucho más importante: ¿por qué quiere dejarla?

No es lo mismo un portero que ha perdido temporalmente la motivación que otro que tiene miedo a equivocarse, recibe críticas constantes, se siente inferior a sus compañeros o simplemente ha descubierto que la portería no es el puesto que quiere ocupar.

Por eso, la primera reacción de la familia no debería ser presionar, sino escuchar, comprender y acompañar.

¿Por qué un niño quiere dejar la portería?

Las razones pueden ser muy diferentes y, en ocasiones, ni siquiera tienen que ver directamente con el fútbol.

Uno de los motivos más habituales es la desmotivación. El portero puede estar cansado de entrenar, sentir que no progresa o haber dejado de disfrutar de los entrenamientos y los partidos.

También puede aparecer la frustración después de encajar muchos goles. Para un niño, especialmente en determinadas edades, puede resultar difícil separar un gol encajado de su propio valor como jugador. Puede llegar a pensar: «No soy buen portero», cuando simplemente está atravesando una etapa normal de aprendizaje.

Otros motivos frecuentes son:

  • Compararse constantemente con otro portero.
  • Sentirse menos preparado que sus compañeros.
  • Tener miedo a cometer errores.
  • Recibir críticas después de cada gol.
  • Escuchar comentarios negativos de compañeros o adultos.
  • Sentir demasiada presión por parte de la familia.
  • No sentirse valorado por el entrenador.
  • Jugar poco o sentir que no tiene oportunidades.
  • Estar cansado de la competición.
  • Haber perdido el interés por jugar de portero.
  • Preferir jugar en otra posición.

 

No debemos asumir cuál es el problema. Hay que descubrirlo.

Lo primero: hablar con él, no interrogarle

Cuando un niño dice que quiere dejar la portería, una conversación tranquila puede aportar mucha más información que cualquier intento de convencerle.

Preguntas como «¿por qué quieres dejarlo?», «¿qué es lo que menos te gusta?» o «¿hay algo que haya pasado últimamente?» pueden ayudar.

Pero es importante escuchar la respuesta sin juzgarla.

Frases como «no puedes dejarlo ahora», «tienes que ser fuerte», «todos los porteros encajan goles» o «llevas mucho tiempo entrenando» pueden hacer que el niño deje de contar lo que realmente le ocurre.

A veces ni siquiera sabe explicar qué le pasa.

Por eso también es útil hablar de situaciones concretas: cómo se siente antes de un partido, después de encajar un gol, durante los entrenamientos o cuando se compara con otros porteros.

El objetivo no es conseguir que cambie de opinión inmediatamente. El objetivo es entender qué está sintiendo.

Encajar goles no significa ser mal portero

Un portero va a encajar goles. Incluso los mejores porteros del mundo los encajan. El problema aparece cuando el niño interpreta cada gol como un fracaso personal, y esa es precisamente la idea que hay que desmontar cuanto antes.

Después de un partido, quizá sea más útil preguntar «¿te has divertido?» o «¿qué crees que has hecho bien?» en lugar de empezar por «¿cuántos goles os han metido?». Es un cambio pequeño en la pregunta que cambia por completo la forma en que el niño entiende el fútbol. Si quieres profundizar en cómo se gestiona esta interpretación del error, lo hemos desarrollado con detalle en la salud mental del portero.

Compararse con otros porteros puede ser perjudicial

En el fútbol base es muy habitual que los niños se comparen: «él para más que yo», «él es el titular», «él juega mejor con los pies». Estas comparaciones afectan especialmente a la confianza del portero porque su posición está muy expuesta al error, y la referencia principal debería ser siempre el propio portero, no sus compañeros.

Este es uno de los puntos en los que más insistimos en nuestro artículo sobre padres en la portería, donde también explicamos qué frases evitar y cómo apoyar sin presionar.

¿Y si existe presión o miedo?

Aquí debemos prestar especial atención. Si el niño tiene miedo de encajar un gol, miedo a equivocarse o ansiedad antes de los partidos, la solución no es exigirle más: un portero que juega con miedo empieza a tomar menos decisiones y a preocuparse constantemente por cometer errores.

La familia debe convertirse en un lugar seguro, donde el niño sepa que puede contar lo que le ocurre sin miedo a decepcionar a sus padres. Y si existe presión, burlas o cualquier situación que esté afectando a su bienestar, hay que comunicarlo al entrenador y buscar una solución, porque la salud emocional del niño está por encima de cualquier resultado.

Hablar con el entrenador también es importante

Padres y madres no tienen toda la información sobre lo que sucede dentro del vestuario o durante los entrenamientos. Por eso, cuando un portero está desmotivado o quiere abandonar, conviene hablar con el entrenador del equipo y, si existe, con el entrenador de porteros: pueden haber observado comportamientos que la familia no conoce, y ayudar a identificar si el problema es técnico, deportivo, social o emocional.

En ocasiones, el niño tiene más facilidad para hablar de estas cosas con su entrenador que con sus propios padres, no porque confíe menos en ellos, sino porque puede resultarle más sencillo explicárselo a alguien que vive esas situaciones con él día a día.

¿Debemos obligarle a continuar?

En general, obligar a un niño a jugar al fútbol cuando está sufriendo no suele ser la solución. Pero tampoco significa que ante la primera dificultad haya que abandonar inmediatamente.

Existe una diferencia entre atravesar una mala etapa y no querer seguir jugando. Por eso, antes de tomar una decisión definitiva, puede ser interesante analizar qué está ocurriendo y darle un poco de tiempo. Quizá necesite cambiar determinados aspectos del entrenamiento, recuperar confianza, hablar con el entrenador, descansar unos días o simplemente volver a disfrutar del fútbol sin sentir que tiene que demostrar nada.

Y también puede ocurrir que, después de hablarlo, el niño realmente quiera dejar la portería. En ese caso, debemos aceptar que cambiar de posición o incluso dejar el fútbol también puede formar parte de su proceso personal.

¿Y si quiere probar otra posición?

No tiene por qué ser algo negativo.

Un niño que ha sido portero puede descubrir que disfruta jugando como defensa, centrocampista o delantero. Además, muchas de las experiencias adquiridas en la portería pueden ayudarle en otras posiciones: percepción del juego, toma de decisiones, comunicación, colocación o comprensión de los espacios.

Incluso puede abandonar temporalmente la portería y regresar meses o años después.

No siempre es un adiós. A veces simplemente es un cambio de camino.

El objetivo no es formar un portero a cualquier precio

El fútbol base debería ser, sobre todo, una etapa de aprendizaje, diversión y desarrollo.

El objetivo de los adultos no debería ser conseguir que el niño continúe en la portería a cualquier precio, sino conseguir que pueda tomar decisiones sobre su deporte sin miedo, sin presión y con el apoyo de las personas que le rodean.

Si quiere continuar, debemos ayudarle a recuperar la confianza. Si necesita un descanso, debemos entenderlo. Si quiere probar otra posición, debemos acompañarle. Y si finalmente decide dejar la portería, debemos recordar algo fundamental: un niño no fracasa por dejar de ser portero.

El verdadero éxito es que pueda disfrutar del deporte, aprender de sus experiencias y sentirse acompañado durante el camino.

¿Qué puede hacer la familia?

Ante un «quiero dejar la portería», podemos resumir la actuación en seis pasos:

  1. Escuchar. Intentar descubrir qué está ocurriendo realmente.
  2. No juzgar. Evitar reproches, comparaciones y amenazas.
  3. Hablar con los entrenadores. Buscar otra perspectiva y posibles soluciones.
  4. Quitar presión. Los errores y los goles forman parte del aprendizaje.
  5. Dar tiempo. No todas las decisiones tienen que tomarse inmediatamente.
  6. Respetar su decisión. El fútbol debe ser una parte positiva de su vida, no una obligación.

 

Porque detrás de cada portero hay un niño que está aprendiendo. Y antes que formar un buen guardameta, debemos ayudarle a crecer disfrutando del fútbol.

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